Burgerland Rosario: mi primera vez en el festival hamburguesero argentino
- Agustín Jasidakis
- 17 abr
- 4 Min. de lectura
Por primera vez asistí a Burgerland en Rosario, Argentina.
La segunda edición del evento se realizó el fin de semana del 11 y 12 de abril, y con una travesía que comenzó el viernes en ómnibus desde Montevideo y terminó con una vuelta intensa el domingo por
la noche, completamos junto con La Encantadora una imponente aventura hamburguesera en una de las ciudades más lindas del país hermano.
El evento ofrecía distintos tipos de entrada, pero, a grandes rasgos, se podía resumir en dos opciones:
La entrada general, que te permitía ingresar al predio y luego comprar las hamburguesas por separado.
Y la entrada all inclusive, que además del acceso prometía comer y beber todo lo que quisieras.
Después de hacer números, optamos por la entrada all inclusive. Principalmente, porque ya íbamos con la idea de probar el 100% de las hamburguesas para poder traerles a ustedes, fanáticos de este glorioso producto, una review lo más completa, detallada y abarcativa posible.
Luego de un viaje de 8 o 9 horas, llegamos a Rosario entrada la madrugada cansados, destruidos y golpeados, como cualquier mortal después de convertirse en piedra e intentar mantener una postura digna durante tantas horas seguidas.
Nos instalamos en un Airbnb que estaba, literalmente, frente a la entrada del evento. Una decisión de altísima inteligencia logística, claramente. Después salimos a caminar un poco, entusiasmados por haber llegado a territorio desconocido.
Pero a las pocas cuadras el cansancio hizo lo suyo, así que la primera noche terminó con una cena en un bodegón clásico de la ciudad: platos bien argentinos, como milanesa napolitana y sorrentinos con bolognesa.
Al otro día sí arrancó lo esperado. Nos metimos de lleno en el mágico mundo hamburguesero de Burgerland.
En los primeros pasos dentro del predio nos encontramos con un parque hermoso, rodeado por los locales de cada hamburguesería. Las propuestas nacionales estaban ubicadas a la izquierda del escenario y las locales, a la derecha. Frente al escenario había una tarima con mesas altas tipo bar y algunos livings armados que, gracias a la altura, permitían ver perfectamente lo que pasaba arriba desde la comodidad del asiento que eligieras.
Detrás de esa tarima estaba el resto del evento, una especie de expo hamburguesera. Había espacios para tatuajes, juegos, baños, stands de marcas con actividades a cambio de regalos, puestos para comprar distintos artículos y excelentes rincones para relajarse entre puffs y alfombras, que estaban siempre bastante ocupados por razones obvias, eran un oasis.

Stand de Marvel, hamburguesería organizadora del evento.
Una vez escaneado el mapa, fuimos a buscar nuestras entradas all inclusive y, pulsera en mano, encaramos directo hacia la famosa tarima privilegiada en el centro del evento.

Stand en zona All Inclusive donde podíamos pedir las burgers.
Ahí fue donde apareció el primer giro inesperado.
La dinámica del all inclusive, y acá viene la parte menos feliz, funcionaba así: dentro del sector VIP había un stand con plancha y una especie de depósito de hamburguesas, algo similar al sistema que usa McDonald’s para dejar listas las que ya salieron.
Ese depósito era abastecido por un empleado del evento que, con una valija de Rappi, recorría los distintos locales del predio buscando hamburguesas para luego llevarlas al stand VIP.
¿El problema?
Las burgers llegaban algo frías y no estaban hechas en el momento.
Muchas veces no quedaba claro de qué local era cada hamburguesa.
Y menos claro todavía cuáles eran sus ingredientes.
Eso tuvo impacto directo en nuestra experiencia, porque nos obligó a reorganizar de golpe todo el plan de creación de contenido. Y sí, evidentemente, eso afectó el humor del equipo jajaja.
De todas formas, logramos enderezar el barco, soltar el plan original y meternos de lleno en la experiencia hamburguesera infinita.
Entre burgers y chelas, disfrutamos de la comodidad del sector VIP y de toda la competencia que se desarrollaba en el escenario. Vimos a distintos equipos enfrentarse a desafíos como:
Ejecutar 15 combos de hamburguesas con queso en el menor tiempo posible.
Hacer imitaciones casi perfectas de clásicos como la Big Mac y el Cuarto de Libra.
Improvisar hamburguesas en vivo a partir de ingredientes seleccionados en el momento, cual edición hamburguesera de MasterChef.
Además, conocimos a mucha gente del mundo hamburguesero, tan apasionada como cualquiera de los que estamos de este lado de la parrilla, y generamos vínculos que nos llevaron a otras aventuras que seguramente ya vieron, o van a ve, en mi perfil de Instagram.
Probamos muchísimas hamburguesas. Muchísimas. Hasta el cansancio. Y, aunque la dinámica no fue la que imaginábamos, igualmente logramos sorprendernos con propuestas exóticas, como la hamburguesa de pan violeta de Moss Burger, una de esas cosas que no te esperás y que igual querés probar.

Moss Burger
En conclusión,
creo que Burgerland 2.0 fue una muy buena experiencia.
Con el diario del lunes, probablemente hubiéramos elegido la entrada general e ido comprando cada hamburguesa por nuestra cuenta, a nuestro ritmo y con más control sobre lo que estábamos probando.

Representando a Uruguay con la pilcha de HDP Smash Burgers
¿Volvería en 2027? Seguramente sí.
Eso sí, la próxima vez voy a mirar con mucha más atención la letra chica del all inclusive para decidir si realmente vale la pena, o si conviene armarse el propio all inclusive en el camino, como buen caminante que hace camino al andar.


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